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El Ejecutivo enviará en los próximos días al Congreso el presupuesto para 2026, el último que tramitará la administración de Bernardo Arévalo antes de que termine su período. La cifra en discusión —y sobre todo quién la negocia— importa más que cualquier año anterior: Movimiento Semilla ya no llega a la mesa con los 23 votos con los que entró en 2024.

En la práctica, esto significa que cada partida del presupuesto tendrá que negociarse diputado por diputado, con bloques independientes que saben que su voto vale más ahora que nunca. La elección de Junta Directiva del Congreso, que se define en paralelo, ya se perfila como el primer termómetro de esa fragmentación.

Guatemaltecos que dependen de obra pública, salud o educación —los rubros que suelen quedar atrapados en el forcejeo presupuestario— verán en las próximas semanas si el gobierno logra sacar adelante su última gran pieza de gestión, o si el desgaste del oficialismo se traduce, otra vez, en un presupuesto recortado a golpe de negociación de última hora.

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