Nueve días después de que la riada del Trishuli sepultara la central hidroeléctrica de Rasuwa bajo toneladas de lodo, los equipos de rescate escucharon algo que ya casi nadie esperaba: voces bajo los escombros. Minutos más tarde sacaban con vida a Sanjay Sah, capataz mecánico de 30 años, y al ingeniero Kabir Maharjan, de 45, desde 170 metros dentro del túnel de la planta Trishuli 3A.
Las imágenes, difundidas por el Ejército nepalí, muestran a los rescatistas descolgándose desde un helicóptero y arrastrando a los dos hombres, cubiertos de barro, hasta ponerlos a salvo. Sah evoluciona estable; Maharjan permanece en cuidados intensivos.
El hallazgo reaviva la esperanza de las familias de los cientos de trabajadores que aún no aparecen en los proyectos hidroeléctricos del Himalaya, aunque el precedente es claro: cada día que pasa reduce las probabilidades de otro rescate como este. El Gobierno nepalí ya cifra en 2.560 millones de dólares las pérdidas materiales del desastre, entre carreteras, viviendas y las propias represas de las que depende buena parte de la exportación eléctrica del país a India.
La cuenta de muertos, mientras tanto, sigue sin cerrarse: supera ya los 1.200, y los desaparecidos rondan los 5.000.