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Aunque las calles de Caracas lucen desiertas tras la captura de Nicolás Maduro, grupos paramilitares armados controlan puntos estratégicos de la capital venezolana a bordo de motos, restringiendo accesos en avenidas, vigilando establecimientos comerciales y apuntando a transeúntes.

Desde el sábado, cuando se conoció la detención del líder chavista, Diosdado Cabello, ministro de Justicia y número dos del chavismo, ordenó a las fuerzas policiales, militares y al pueblo mantenerse «desplegados». Los colectivos, como se conoce a estos grupos paramilitares, tomaron la custodia de barriadas populares como Petare y Catia, ubicadas en extremos opuestos de la capital.

En Catia, cada dos o tres calles es posible observar en una esquina a algún hombre vestido de negro, con radio en la cintura y pistola en mano, algunos portando escopetas, fusiles u otras armas de gran calibre sin ningún decoro. Una residente de la zona expresó que aunque siempre hay colectivos, estos dos días ha sido mucho más el despliegue y la presión sobre la gente.

La presencia de paramilitares en Caracas, cada vez más obvia, contrasta con la ausencia de militares, y son pocos los puntos de control policial en las principales avenidas. Los colectivos chavistas han sido utilizados históricamente por el régimen de Maduro para intimidar o atacar a partidarios de la oposición, manteniendo un rol como única ley en barrios populares

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