
La administración Trump ha declarado que mantendrá el control «indefinido» sobre las exportaciones de crudo venezolano, intensificando su estrategia de presión sobre Caracas con nuevas incautaciones de buques petroleros.
En un comunicado oficial, el gobierno estadounidense confirmó la confiscación de varios tanqueros, entre ellos una embarcación con bandera rusa, como parte de su política de sanciones al régimen de Nicolás Maduro. Las autoridades estadounidenses ahora supervisarán directamente las transacciones comerciales del petróleo venezolano en mercados internacionales.
Para suavizar el impacto económico de estas medidas, Washington ha prometido incentivos fiscales y garantías a empresas extranjeras dispuestas a invertir en el sector energético venezolano bajo supervisión estadounidense. Sin embargo, analistas advierten que la incertidumbre política y el deterioro de la infraestructura petrolera del país sudamericano podrían disuadir a potenciales inversionistas.
La industria petrolera venezolana, que alguna vez fue la más robusta de América Latina, ha sufrido años de declive debido a la mala gestión, corrupción y sanciones internacionales. Expertos estiman que se necesitarían inversiones multimillonarias para rehabilitar campos petroleros y refinerías abandonadas.
El gobierno venezolano aún no ha emitido una respuesta oficial a este anuncio.