El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó al Pentágono preparar y priorizar operaciones militares contra los grandes cárteles del narcotráfico en América Latina, una decisión que marca un giro radical en la política de seguridad hemisférica de Washington y ha generado preocupación en varios gobiernos de la región. Según fuentes de la administración, la instrucción incluye el diseño de planes para atacar, neutralizar o desarticular organizaciones criminales transnacionales consideradas una amenaza directa a la seguridad nacional estadounidense.
Trump justificó la medida asegurando que los cárteles operan como estructuras cuasi-terroristas, con capacidad para desestabilizar Estados, corromper instituciones y alimentar la crisis del fentanilo en Estados Unidos. La Casa Blanca sostiene que el enfoque tradicional de cooperación policial ha fracasado y que es necesario emplear “todas las herramientas disponibles”, incluidas las militares.
La orden ha provocado rechazo inmediato en América Latina, especialmente en México y Colombia cuyos gobiernos han reiterado que no aceptarán intervenciones militares extranjeras en sus territorios. Analistas advierten que una acción unilateral podría violar la soberanía nacional, escalar conflictos internos y debilitar la cooperación regional en seguridad.
El anuncio refuerza el perfil duro de Trump en materia de crimen organizado, pero también abre un escenario de alta tensión diplomática, con riesgos significativos para la estabilidad política y la seguridad en el continente.