Este viernes 4 de septiembre amaneció con cinco puntos bloqueados: cuatro en Santa Rosa (kilómetro 57 de la CA-1 en Barberena, kilómetro 46 en Cerinal y dos más sobre la RD-SRO-03) y uno en Jalapa, en el kilómetro 168 de la RN-19. Un sexto cierre, de pilotos de taxi cerca de La Terminal capitalina, ya se levantó antes de las nueve de la mañana.
Lo que nadie dice es que detrás de cada llanta en medio del asfalto hay un galon de diésel a Q47.49 —ya casi Q50—, con la gasolina regular en Q41.19 y la súper en Q43.19. El Ministerio de Energía le echa la culpa a «tensiones en Oriente Medio»; a los transportistas, que llevan cinco días de protesta, esa explicación no les cubre ni el diesel de un viaje.
Frente al Congreso sigue el plantón de veteranos militares, también en su quinto día, exigiendo un aumento de Q1,000 en sus pensiones. El Ejecutivo ofreció un subsidio de Q12 al diésel y Q3 a la gasolina, pero sin el respaldo legislativo que lo haga real todavía es solo un anuncio. La Gremial de Transportistas ya anunció el próximo movimiento: una caravana de cien buses hacia el Legislativo el próximo miércoles 9 de septiembre, que aseguran será «estrictamente pacífica». En la práctica, esto significa que septiembre apenas empieza y las carreteras de Guatemala ya volvieron a ser la sala de espera de un reclamo que el Estado sigue sin resolver.