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Guatemala amanece este sábado con el mismo pulso que lleva marcando toda la semana: transportistas plantados en las carreteras, ministros que prometen mesas de diálogo y un Congreso que sigue sin resolver nada de fondo.

El reclamo lleva ya cinco días en la calle y no tiene un solo origen. Por un lado está el precio del diésel, que ronda los Q47.49 el galón después de subir más de 50% en el último semestre —el propio Ministerio de Energía y Minas lo reconoce, aunque prefiere hablar de «factores externos» antes que de impuestos y regulación interna. Por otro, el rechazo a los cambios que se discuten en la Ley de Tránsito, que los transportistas ven como otra vuelta de tuerca contra su negocio.

El viernes, Provial reportaba cinco puntos todavía cerrados y otros cuatro ya despejados; la lista cambia hora a hora, así que conviene revisar el mapa vial antes de salir a la carretera. Lo que sí está confirmado es la próxima gran movida: una caravana de cien buses saldrá el miércoles 9 rumbo al Congreso, señal de que el sector no piensa bajar la presión mientras no haya respuesta.

Con el precio del combustible fijado más por decisión política que por el mercado, el bloqueo terminó siendo la única herramienta que le queda al transportista para hacerse escuchar.

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