La policía municipal llegó la madrugada del miércoles, alertada por los propios vecinos del edificio tras escuchar gritos y disparos. Encontró los cuatro cuerpos con heridas de arma de fuego. Ya hay dos detenidos, uno identificado como Diego Sebastián «N», el mismo que la cámara del elevador habría captado minutos antes del ataque. Según las autoridades, actuó con un arma equipada con silenciador y cambió las placas de su vehículo para dificultar el rastreo — un nivel de planeación que descarta el robo improvisado y apunta, según la propia presidenta Claudia Sheinbaum, a «una disputa que tenía la familia del músico» con otra familia.
Camilo Séptimo, la banda, no ha hecho ningún anuncio público más allá del silencio que suele seguir a estas tragedias. Meléndez llevaba más de una década construyendo el sonido del grupo desde el teclado, sin ser el rostro visible, sin buscar el reflector: el tipo de músico que sostiene una banda entera sin que el público sepa su nombre hasta que una noticia como esta se lo impone por la fuerza.
Lo que queda es una escena que ya circula en video: un hombre que sube en un elevador ajeno, con la calma de quien no cree que lo estén filmando, camino a borrar de un balazo a una familia entera.