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El asesino no forzó ninguna puerta esa tarde de martes. Llegó en un Kia gris con placas prestadas de otro auto, subió al elevador de un edificio en Atizapán, Estado de México, y una cámara de seguridad lo grabó completo: la gorra, la mochila, el paso tranquilo de quien ya sabe a qué piso va. Fue la última imagen antes de que el silencio se rompiera con disparos amortiguados por un silenciador y gritos que los vecinos sí alcanzaron a oír.

Dentro del apartamento estaba Jonathan Samuel Meléndez Ochoa, de 38 años, tecladista, compositor y productor de la banda mexicana Camilo Séptimo desde su fundación en 2013 — uno de los tres integrantes originales, la mano detrás de buena parte de los arreglos del grupo. Con él murieron su esposa Ana Paola, de 35 años y varios meses de embarazo, su hija de apenas tres, y una empleada doméstica de 21. Hasta el perro de la familia apareció atado, como si el asesino hubiera querido dejar la casa entera reducida a silencio antes de irse.

La policía municipal llegó la madrugada del miércoles, alertada por los propios vecinos del edificio tras escuchar gritos y disparos. Encontró los cuatro cuerpos con heridas de arma de fuego. Ya hay dos detenidos, uno identificado como Diego Sebastián «N», el mismo que la cámara del elevador habría captado minutos antes del ataque. Según las autoridades, actuó con un arma equipada con silenciador y cambió las placas de su vehículo para dificultar el rastreo — un nivel de planeación que descarta el robo improvisado y apunta, según la propia presidenta Claudia Sheinbaum, a «una disputa que tenía la familia del músico» con otra familia.

Camilo Séptimo, la banda, no ha hecho ningún anuncio público más allá del silencio que suele seguir a estas tragedias. Meléndez llevaba más de una década construyendo el sonido del grupo desde el teclado, sin ser el rostro visible, sin buscar el reflector: el tipo de músico que sostiene una banda entera sin que el público sepa su nombre hasta que una noticia como esta se lo impone por la fuerza.

Lo que queda es una escena que ya circula en video: un hombre que sube en un elevador ajeno, con la calma de quien no cree que lo estén filmando, camino a borrar de un balazo a una familia entera.

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